Las conspiranoias no son solo cosa de la actualidad: ya en la misma Antigüedad existía una conspiranoia relativa a una supuesta conjuración contra el honor de Medea.
Como suele saberse, Medea es conocida, entre otras cosas, por ayudar a Jasón a conseguir el vellocino de oro, regresar a casa desde la Cólquide, etc. Es igualmente muy conocida por uno de los actos más terribles y crueles de la mitología clásica: el infanticidio de sus propios hijos con Jasón para vengarse de este cuando la abandona por otra. Este episodio lo recoge, probablemente como fuente más conocida, la Medea de Eurípides.
Pues bien, tras este contexto, vamos con la supuesta conjuración contra Medea...
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Según Pausanias, no fue Medea la que mató a sus hijos, sino que fueron los corintios:
Al salir de la plaza del mercado, se puede ver un pozo llamado Pozo de Glauce [la nueva esposa de Jasón]; dicen que Glauce se arrojó a este pozo creyendo que el agua curaría los efectos de las pociones de Medea. Sobre este pozo se ha construido el llamado Odeón, junto al cual está la tumba de los hijos de Medea; sus nombres eran Mérmero y Feres, y se dice que fueron lapidados por los corintios debido a los regalos envenenados que, según la leyenda, llevaron a Glauce de parte de Medea.
Pausanias, Descripción de Grecia II, 3, 6 (parafraseado y glosado)
Y por si eso fuera poco, dicen Parmenisco y Eliano que posteriormente, al cabo de los siglos, los corintios le endosaron el crimen a Medea y, aún mejor, habrían sobornado a Eurípides para que difundiera e inmortalizara gracias a su obra la falsa narración de que había sido Medea la asesina de sus propios hijos.
Algunos afirman que lo que suele decirse de Medea es falso, y que ella no mató a sus hijos, sino que fueron los corintios: que Eurípides escribió su tragedia Medea a petición de los corintios. La falsedad prevaleció sobre la verdad gracias a la excelencia del poeta. En cuanto a la muerte de los niños, dicen que hasta el día de hoy los corintios les ofrecen sacrificios expiatorios, que rinden como una especie de tributo.
Claudio Eliano, Varia historia V, 20
👉 Esta conspiranoia la encontré en Mitología clásica, de Antonio Ruiz de Elvira.
¿Es el infanticidio de Medea empoderado y feminista?
Medea es vista en algunas interpretaciones modernas como un símbolo de la furia y la fortaleza femenina. Su acto de infanticidio, aunque trágico y terrible, se interpreta como una rebelión contra una sociedad patriarcal que la ha maltratado, especialmente por la traición de su esposo, Jasón. Este acto extremo es visto como una afirmación trágica de control en un mundo donde se la ha dejado sin poder ni voz.
En su monólogo en la obra de Eurípides, Medea expresa con pasión la desigualdad entre hombres y mujeres, convirtiéndose en una poderosa declaración feminista. Además, su condición de extranjera y bárbara añade complejidad a su lucha, ya que no solo se enfrenta a las limitaciones impuestas por ser mujer, sino también a los prejuicios de una sociedad xenófoba.

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Es crucial entender que estas interpretaciones no justifican el acto de matar a sus hijos, sino que buscan comprender las motivaciones detrás de las acciones extremas de Medea en el contexto de las normas sociales y la dinámica de género de su época. Medea se ha convertido en una figura compleja en la literatura feminista, pues representa tanto a la víctima de la opresión como a la autora de la violencia, encarnando las dualidades y contradicciones de la condición humana.
¡Malvadísimo! Pues eso es lo peor que te puedo decir con mi lengua por tu falta de hombría. ¿Has venido junto a mí siendo el peor enemigo para los dioses, para mí y para toda la raza humana? Que esto no es audacia ni valentía, el hacer daño a tus seres queridos y mirarlos a la cara, sino el mayor de todos los males que hay entre los hombres: la desvergüenza. Bien hiciste al venir, pues yo, al insultarte, me aliviaré en mi alma y tú te dolerás al escucharlo. Desde el principio empezaré a decir lo primero: te salvé, como saben cuantos griegos iban con nosotros en la nave Argo, cuando fuiste enviado como dominador de los toros que exhalaban fuego con el yugo y arar el campo de la muerte; y el dragón que rodeando el vellocino de oro lo protegía con sus enroscados pliegues, sin sueño, lo maté y soporté para ti la luz de la salvación. Yo misma traicioné a mi padre y a mi casa y vine a la peliótide Yolcos contigo, por voluntad más que por la razón; a Pelias lo maté para que muriera de la peor forma: a manos de sus propias hijas, y toda su casa destruí. Y tras haber vivido esto gracias a mí, ¡oh, el peor de los hombres!, me has traicionado y has contraído un nuevo matrimonio aun teniendo hijos; pues, si no tuvieras hijos, aún habría que perdonarte que desearas este matrimonio. No tienes respeto por los juramentos, y no puedo saber si crees que los dioses de entonces ya no tienen poder o que nuevas leyes han propuesto ahora para los hombres, ya que al menos sabes que no has cumplido tu juramento respecto a mí. Ay, mano derecha, que tú mucho me diste, y estas rodillas: cuán vanamente hemos sido suplicadas por este malvado hombre, y cuánto me he decepcionado por las esperanzas. Ven, pues como si fueras un amigo contigo hablaré. (¿Creyendo yo que me va a ir bien en algo de tu parte? Incluso así, pues al ser interrogado parecerás más vil). ¿Ahora dónde he de ir? ¿A casa de mi padre, la cual por ti traicioné, así como a mi patria, cuando vine? ¿O junto a las desgraciadas Pelíadas? Bien me iban a acoger en su casa, cuyo padre maté. Efectivamente, así está la cosa: para mis seres queridos en casa, odiosa me he convertido, y a los que no tenía que haber hecho daño, al haberte hecho el favor, como enemigos los tengo. Por tanto, a los ojos de muchas griegas, feliz me has hecho, en pago de esto. A un maravilloso y fiel esposo, a ti,
Eurípides, Medea 465-519 (traducción literal de Francisco Javier Álvarez Comesaña)
tengo yo, la desdichada, si es que he de huir del país, desterrada, privada de amigos, sola con mis hijos solos; bonito reproche para el nuevo novio: que como mendigos vagabundean sus hijos, así como la que te salvó. ¡Oh, Zeus! ¿Por qué concediste a los hombres señales, pruebas seguras del oro que está mezclado, y ninguna marca de los hombres hay de forma natural en los cuerpos para el que tenga que discernir al malvado?
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