Quien está en sus primeros pasos para aprender latín suele admirarse al aprender que el latín carmen, carminis significa 'canción, poema', y rápidamente conecta esa palabra y su significado con el nombre propio «Carmen». Sin embargo, por muy conveniente que sea esa etimología, es falsa.
Simple y llanamente, el nombre «Carmen» procede de «María (del) Carmen», epíteto o advocación de la virgen María en el monte Carmelo (Carmel), en Israel; ya en el siglo XIV hay testimonios esclarecedores como el siguiente:
su madre enuio de Alamanya moneda et fizo fer alli do era enterrado vn monesterio de carmelitanos, el qual es nombrado Santa Maria del Carmen
Juan Fernández de Heredia, Crónica de Morea
Aunque es probablemente imposible de demostrar, sería raro que el cambio final de ‑l por ‑n fuera por influencia de carmen en latín.
Sin embargo, ya que estamos aquí, vamos a hablar algo sobre ese carmen latino. Tradicionalmente se ha explicado por disimilación de una forma *canmen (que aparece también en *genmen [con la raíz de «gen» o «generar»] > germen, y es similar al español «alma» < *anma < anima). En *canmen tenemos la raíz del verbo cano 'cantar', por lo que esta etimología se debería prestar poco a debate.
Sin embargo, siguiendo la pista dada por Varrón, que asegura que la forma antigua de la palabra era casmen, podría proceder de una raíz con el significado de 'hablar de forma solemne'.
El latín carmen no parece haber triunfado especialmente en las lenguas romances (salvo cultismos), pero sí lo hizo en francés, donde evolucionó a charme con el sentido de 'cántico; hechizo' (con sus posteriores evoluciones semánticas a 'encanto'); del francés lo tomó el inglés charm con similares significados. Mientras tanto, el español tiene precisamente la palabra «encanto» 'atractivo' y aun en su uso más antiguo ahora absorbido por «encantamiento».