A continuación tienes los epigramas y fragmentos atribuidos a Homero, tal y como los recoge Luis Segalá y Estalella (1873-1938) en la publicación de 1927 Obras completas de Homero; mas información.

Epigramas
I. A los neotiquenses
Compadeced a quien ni recibe hospitalario acogimiento ni tiene casa, vosotros que habitáis la excelsa ciudad de Hera, la ninfa de amables ojos, en las últimas estribaciones del Sedena de poblada cima, y bebéis la divina agua del Hermo, río rojizo de hermosa corriente, a quien engendró el inmortal Zeus.
II. Estando para regresar a Cime
Llévenme enseguida mis pies a la ciudad de hombres venerables, cuyo ánimo es benévolo y cuya prudencia es eximia.
III. A Midas
Soy una virgen de bronce y yazgo sobre el sepulcro de Midas. Mientras agua mane, los altos árboles reverdezcan, y salga el sol y alumbre, y haga lo propio la brillante luna, y los ríos se llenen, y el mar bañe la costa; permaneciendo en este mismo sitio, sobre su llorada tumba, anunciaré a los caminantes que aquí está sepultado Midas.
IV. A los cimeos
¡De qué hado permitió Zeus que fuese yo la presa cuando me criaba, todavía niño, en las rodillas de una madre veneranda; a quien amurallaron en otro tiempo por la voluntad de Zeus que lleva la égida —los pueblos de Fricón, jinetes de veloces caballos, belicosos, que se dedicaban a las obras de Ares con el ardor del impetuoso fuego: a la eolia Esmirna, situada junto al mar, azotada por el ponto, a través de la cual fluye la límpida agua del sagrado Meles!
Partiendo de allí, proponíanse las preclaras doncellas hijas de Zeus celebrar la divina tierra y la ciudad de los hombres; pero estos, a causa de su insensatez, desdeñaron la sagrada voz, la fama del canto. Alguno de ellos, apesarado, pensará nuevamente que tramó mi desgracia para su oprobio. Sufriré la fortuna que la divinidad me asignó cuando nací, soportando con ánimo paciente el incumplimiento de lo que deseaba; pero mis miembros no me incitan a permanecer en las sagradas calles de Cime, y mi gran ánimo me impele a trasladarme a un pueblo de otro país, aunque me encuentre débil.
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V. Al Testórida
Oh, Testórida, aunque las cosas oscuras para los mortales son en gran número, nada les resulta a los hombres tan difícil de conocer como su propia mente.
VI. A Poseidón
¡Óyeme, vigorosísimo Poseidón, batidor de la tierra, que en el espacioso y divino Helicón ejerces tu imperio! Concede próspero viento y feliz vuelta a los marineros que son pilotos y capitanes de esta nave. Concédeme también que, al llegar al pie del escarpado Mimante, encuentre hombres venerables y justos y pueda vengarme del varón que, engañando mi mente, ha ofendido a Zeus y a la hospitalaria mesa.
VII. A la ciudad de Eritrea
¡Veneranda tierra, munífica, dadora de la dulce riqueza! ¡Cuán fértil eres para algunos hombres, y cuán estéril y áspera para aquellos contra quienes te irritas!
VIII. A los marineros
Marineros que atravesáis el ponto, semejantes a la odiosa Ate, llevando una vida que en lo mala rivaliza con la de los tímidos mergos: reverenciad la majestad de Zeus hospitalario, que impera en lo alto, pues la venganza de Zeus hospitalario es terrible para quien le ofende.
IX. A los mismos
A vosotros, oh, forasteros, os ha sorprendido un viento contrario; pero recibidme todavía ahora y os será posible la navegación.
X. A un pino
Cualquier otro árbol, oh, pino, produce mejor fruto que tú en las cumbres del ventoso Ida, de muchos valles. Allí los terrestres hombres hallarán el hierro de Ares cuando los varones cebrenios lo ocupen.
ΧΙ. A Glauco, el cabrero
¡Glauco, guardián de los rebaños! Te pondré en la mente esta advertencia: ante todo da de comer al perro junto a la puerta del patio, pues es quien primero oye al hombre que se acerca y a la fiera que entra en el cercado.
XII. A una sacerdotisa de Samos
Oye mi súplica, sustentador de los jóvenes: concédeme que esta mujer rechace el amor y el lecho de los mancebos y se deleite con los ancianos de sienes canosas, cuyas fuerzas se han debilitado, pero cuyo ánimo apetece todavía.
XIII. A la casa de los cofratricios
Los hijos son la corona del hombre, y las torres, la de la ciudad; los caballos constituyen el adorno de la llanura, y las naves, el del mar; las riquezas acrecientan la casa; y los venerandos reyes, sentados en el ágora, son el ornamento de los ciudadanos que los contemplan, pues todavía es más venerable, a nuestro ver, la casa con el hogar encendido en un día de invierno, cuando nieva el Cronión.
XIV. El horno o el vaso de arcilla
Si me lo recompensáis, cantaré, oh, alfareros. Ven acá, Atenea, y con tu mano protege este horno, para que tomen color los vasos y los barreños todos y se cuezan hermosamente, y alcancen elevado precio al ser vendidos en gran cantidad así en la plaza como en las calles, y les procuren a los alfareros buena ganancia y también a mí para cantar en su honor.
Pero si, entregándoos a la impudencia, forjáis mentiras, convocaré enseguida contra el horno a sus destructores: a Síntribe, a Esmárago, a Ásbeto, a Sabactes y a Omódamo, el que más daño causará a vuestra arte. ¡Destruye el pórtico y la casa, pegándoles fuego! ¡Tambaléese todo el horno, mientras los alfareros profieran grandes gemidos! ¡Cruja el horno como las mandíbulas de un caballo y desmenuce todos los cacharros! Ven acá, hija del Sol, Circe conocedora de muchos venenos: ¡échales tus crueles venenos y hazlos perecer a ellos y sus obras! Ven acá, Quirón, y trae muchos centauros, así los que se escaparon de las manos de Heracles como los que perecieron: golpea de la peor manera estas cosas, derrúmbese el horno y vean aquellos, sollozando, sus malas acciones; yo me alegraré al contemplar el arte de esos genios malos. Y a quien se inclinare sobre el horno, séale quemado el rostro por el fuego, para que todos aprendan a obrar rectamente.
XV. Canción de mendigo
Hemos llegado a la casa de un hombre muy poderoso, el cual puede mucho y refunfuña en grande, siendo siempre feliz.
Abríos espontáneamente, oh, puertas. Entrará abundante riqueza, y, con la riqueza, la floreciente alegría y la buena paz. Cuantas vasijas hay, estén todas colmadas; y la hinchada masa deslícese siempre por la artesa. Ahora una torta de cebada y sésamo, de aspecto agradable [[…]]
La mujer de vuestro hijo llegará en su carruaje: los mulos de vigorosos pies la traerán a esta casa. Teja en persona la tela, sentada en asiento de ámbar.
Vendré a ti, vendré cada año, como la golondrina.
Estoy en el vestíbulo con los pies desnudos, pero trae pronto [[…]]
Si me dieres algo…; y si no, no nos quedaremos, que no hemos venido aquí para habitar con vosotros.
XVI. A los pescadores
Homero.— Varones, pescadores de Arcadia, ¿tenemos algo?
Pescadores.— Cuanto cogimos, lo dejamos; cuanto no cogimos, eso llevamos.
Homero.— Procedéis de la sangre de padres como vosotros, que ni eran ricos en campos ni apacentaban numerosos rebaños.
XVII.— En el sepulcro de Homero
Aquí la tierra cubre una sagrada cabeza, al cantor de los héroes, al divino Homero.

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Fragmentos
Del Margites
(atribuido a Homero o a Pigres, hermano de la reina Artemisia)
Sabía muchas cosas, pero todas las sabía mal.
Platón, Alcibíades, II, 147
Los dioses no le hicieron cavador, ni labrador, ni hábil en ninguna otra cosa: carecía de toda arte.
Aristóteles, Ética a Nicómaco, VI, 7 — Clemente Alejandrino, Strómata, I, 4, 1
Vino a Colofón un anciano y divino aedo, servidor de las Musas y de Apolo, el que hiere de lejos, || teniendo en sus manos la melodiosa lira (1).
Atilio Fortunaciano, p. 286 Keil (Gram. Lat., vol. VI)
Muchas cosas sabe la zorra, pero el erizo, una grande.
Zenobio, v. 68 (Leutsch Paroem. gr. I. 147).
De la Cipriada
(atribuida a Homero o a Estasino de Chipre)
Hubo un tiempo en que innumerables tribus de hombres, vagando por la tierra [[…]], la anchura de la tierra de profundo seno. Zeus, al notarlo, se apiadó y decidió en su prudente espíritu aligerar de hombres la tierra que todo lo nutre, excitando la gran contienda de la guerra ilíaca para que el peso de los hombres disminuyera por medio de la muerte; y los héroes matábanse en Troya los unos a los otros: cumplíase la voluntad de Zeus.
Escolios a Homero, Ilíada, 1, 4 y 5
Llevaba en su cuerpo vestido que las Gracias y las Horas hicieron y tiñeron —como los que llevan las Horas— en flores primaverales: en el azafrán; en el jacinto; en la florida violeta; en la bella, suave, nectárea flor de la rosa; y en divinos cálices, en las flores del narciso que hermosamente destila gotas de rocío: vestidos semejantes a los perfumados que a todas horas viste Afrodita.
Ateneo, Banquete de los sabios, XV, p. 682 D
[[…]] y Afrodita, amante de la risa con sus sirvientas [[…]], habiendo trenzado fragantes coronas, pusiéronse flores de la tierra en la cabeza las diosas de luciente diadema, ninfas y Gracias, y juntamente con ellas la áurea Afrodita, cantando hermosamente por el monte Ida, abundoso en fuentes.
Ateneo, Banquete de los sabios, XV, p. 682 F
Castor (es) mortal, le ha sido destinado el fin de la muerte; pero Polideuces, retoño de Ares, es inmortal.
Clemente Alejandrino, Protrepticon, II, 30
[[…]] (Leda) parió la tercera a Helena, causa de admiración para los mortales. Y a ella (a Leda) la había dado a luz Némesis, después que se hubo unido amorosamente con Zeus, cediendo a la dura necesidad. Huía, pues, Némesis, y no quería unirse amorosamente con el padre Zeus Cronión, por tener su espíritu abatido por la vergüenza y el pudor; huía por tierra y por la estéril oscura agua del mar, y Zeus la perseguía y deseaba en su corazón alcanzarla. Y ella unas veces tomaba la forma de pez, dentro de las olas del estruendoso mar, y conmovía el gran ponto; otras, vagaba por el río Océano y por los confines de la tierra; otras, andaba por el fertilísimo continente; y sin cesar se iba transformando en cuantas terribles fieras cría el continente, con el propósito de huir de aquel.
Ateneo, Banquete de los sabios, VIII, p. 334 B
Al punto Linceo, confiando en sus veloces pies, se encaminó al Taigeto. Y habiendo subido a la cumbre, recorrió con los ojos toda la isla de Pélope Tantálida, y el glorioso héroe los vio pronto con su aguda vista dentro de la hueca encina, a ambos, a Cástor, domador de caballos, y a Polideuces, premiado en los juegos; y deteniéndose cerca de ellos, hirió [[…]] Escolios a Píndaro, Nemea, X, 114
Los dioses, oh, Menelao, inventaron el óptimo vino para desvanecerles las inquietudes a los mortales hombres.
Ateneo, Banquete de los sabios, II, p. 35 C
No creía que (mi) corazón valeroso se irritara contra Aquiles, así, muy estupendamente; porque era muy amigo mío [[…]] Les Papyrus Grecs du Musee du Louvre. París, 1866, papiro II, col. II, v. 27 (versos atribuidos a la Cipríada por Letronne)
De Zeus, el que hizo y el que produjo todas estas cosas, no quieres hablar, pues donde hay temor hay también pudor.
Platón, Eutifrón, 12 A — Escolios a Sófocles, Áyax, 1074.
Habiendo quedado encinta, pariole las gorgonas, monstruos crueles, que en el océano de profundos remolinos habitaban Sarpedón, isla pedregosa.
Herodiano Alejandrino, De la palabra monosílaba, c. 9
¡Necio aquel que, matando al padre, deja los hijos!
Clemente Alejandrino, Strómata, VI, ii, 19, 1
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De la Etiópida
(atribuida a Arctino de Mileto)
Así ellos celebraron el funeral de Héctor; y llegó la amazona, hija del magnánimo Ares, matador de hombres.
Escolios a Homero, Ilíada, XXIV, 804
De la Pequeña Ilíada
(atribuida a Lesques, a Cinetón, a Diodoro, etc.)
Canto Ilión y la Dardania de hermosos corceles, por la cual padecieron muchos males los dánaos, servidores de Ares.
Pseudo-Heródoto, Vida de Homero, c. 16.
Ayante, pues, hizo levantar al héroe Pelida y lo sacó de la lucha; y el divino Odiseo no quería…
—¿Cómo hablaste? ¿Cómo dijiste esta mentira contra toda conveniencia?
Escolios a Aristófanes, Caballeros, 1056
También una mujer llevaría la carga, si un hombre se la impusiera; pero no combatiría, pues exoneraría el vientre si combatiese.
Aristófanes, Caballeros, 1056 (versos tomados de la Pequeña Ilíada, según el escoliasta)
Una tempestad llevó el Pelida Aquiles a Esciro, donde él llegó al difícil puerto en la noche aquella.
Escolios a Homero, Ilíada, XIX, 326, y Eustacio, p. 1255
En torno brillaba áureo anillo, y encima de él había una doble punta.
Escolios a Homero, Ilíada, XVI, 142 – Escolios a Píndaro, Nemea, VI, 85
[[…]] una viña, la que el Cronida le entregó en rescate de su hijo, cubierta de suaves y áureas hojas y de racimos, que Hefesto construyó y dio al padre Zeus y luego entregó este a Laomedonte en compensación de Ganimedes.
Escolios a Eurípides, Troyanas, 822
Entonces todos los demás hijos de los aqueos permanecieron en silencio y solo Anticlo deseaba responderte con sus palabras; pero Odiseo tapole la boca con sus robustas manos y salvó a todos los aqueos con sujetarle continuamente hasta que te apartó de allí Palas Atenea.
Homero, Odisea, IV, 285
[[…]] encubriendo su persona, se transfiguró en otro varón, en un mendigo, quien no era tal ciertamente junto a las naves aqueas…
Homero, Odisea, IV, 247 y 248
Mediada estaba la noche y salía la brillante luna.
Escolios a Eurípides, Hécabe, 910 – Clemente Alejandrino, Strómata, I, 21, 104
Mas el hijo ilustre del magnánimo Aquiles condujo la mujer de Héctor a las cóncavas naves y, arrebatando el niño a la nodriza de hermosas trenzas, lo cogió de un pie y lo tiró desde la torre: apoderáronse del niño, mientras caía, la purpúrea muerte y la mera violenta. Llevose, pues, a Andrómaca, la de hermosa cintura, mujer de Héctor, que los príncipes de todos los aqueos le habían dado para que la tuviera, pagándole con esta grata recompensa; e hizo entrar en las naves surcadoras del ponto a Eneas, glorioso hijo de Anquises, domador de caballos, para llevárselo como la mejor de todas las recompensas.
Escolios a Licofrón, Alexandra, 1268
Musa, cuéntame aquellas cosas que ni sucedieron anteriormente, ni ocurrirán en lo sucesivo…
Plutarco, Banquete de los siete sabios, c. X
De la Destrucción de Troya
(atribuida a Arctino de Mileto)
Introducid en la ciudad que vais a edificar un respeto imperecedero a los dioses y honradles con guardias, sacrificios y danzas. Mientras estas cosas venerandas en vuestra ciudad permanezcan, presentes de la hija de Zeus a tu esposa, la ciudad te será inexpugnable en el tiempo de siempre, todos los días.
Dionisio de Halicarnaso, Antigüedades romanas, 1, 68, 2
El poderoso Agamenón hizo presentes a los Tesidas y a Menesteo, magnánimo pastor de pueblos.
Lisímaco, según los Escolios vatic. a Eurípides, Troyanas, 31
El mismo padre que bate la tierra (Poseidón) se lo dio a entrambos (los médicos Macaón y Podalirio), pero hizo al uno más glorioso que al otro. Al uno (a Macaón) le dio manos ligeras para arrancar de la carne los dardos, y cortarlos, y curar las heridas todas; y al otro (a Podalirio) le puso en el pecho toda suerte de pericia para conocer las cosas no vistas y aliviar lo insanable. Este, pues, advirtió el primero los ojos brillantes y la mente cargada de Ayante encolerizado.
Escolios B. T. Eust. a Homero, Ilíada, XI, 515
El Yambo, pasando enseguida con el pie levantado para que sus miembros, extendiéndose, se agiten con fuerza y tengan robusto aspecto…
Diomedes in Gramm. Lat. i 477, ed. Keil
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De los Regresos
(atribuidos a Agias de Trecena)
Enseguida convirtió (Medea) al amigo Esón en un mancebo floreciente, raspándole la vejez con sabia inteligencia, cociendo muchas drogas en vasijas de oro…
Argumento de la Medea de Eurípides
[…] pues las dádivas engañaron la mente de los hombres y también las
Clemente Alejandrino, Strómata, VI, 2, 12, 8
obras…
De la Toma de Ecalia
(atribuida a Homero o a Creófilo de Samos)
(Heracles dice a Iole): Oh, mujer, tú misma ves estas cosas con tus ojos.
Homer. Epimerism. in Cramer, Anerd. Oxon, I, 327
Versos heroicos atribuidos a Homero que no se hallan ni en la Ilíada, ni en la Odisea, ni en los himnos, ni en los fragmentos conocidos de los cíclicos
[…] como cuando les llega la agradable primavera a los bueyes de retorcidos cuernos, que la alta hierba aparece gratísima para ellos…
Hipócrates, De las articulaciones, 8
Gusta de escucharle, sabedor, en su mente, de prudentes pensamientos.
Jenofonte, Banquete, VIII, 30
Los mortales le llaman Eros, volátil (alado) || y los inmortales Pteros (que tiene o da alas) por la necesidad de ir con alas.
Platón, Fedro, 252 B
La fama llegó al ejército…
Esquines, I, § 128
La herida se cerraba en torno de la sangre…
Escolios a Homero, Ilíada, XXIV, 420
Héctor yacía en el suelo, desvanecido…
Aristóteles, Del alma, lib. I, cap. II
Infundiole vigor en el ánimo || y excitole el valor y el ánimo || y aguda picazón en las narices || y… hirvió la sangre.
Aristóteles, Ética a Nicómaco, III
Insuflole en el pecho la fuerza del prepotente Zeus para comprender…
Crisipo, citado por Galeno, Nueve libros acerca de las opiniones de Hipócrates y Platón, III, 115
Entonces simultáneamente Zeus quitole del pecho la inteligencia…
Idem, id.
… y otra cosa, pensamiento e inteligencia irreprensible en el pecho…
Idem, id.
… entonces cuando los robustos jóvenes desmiembran a Deméter.
Plutarco, Vida de Homero, II, 23, y De Isis y Osiris, 66, 377 D
Gritó el que tenía las riendas de la nave de azulada proa…
Plutarco, Vida de Homero, II, 20
Los tizones ardían y el gran Hefesto se levantó.
Escolios a Licofrón, 86
… después que lo dispuso sabio artífice.
Amonio, Proemio a la Isagoge de Porfirio, T. 30 (ed. Busse, p. 9)
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De la Titanomaquia
(atribuida también a Eumelo, a Arctino, etc.)
En él ágiles peces de dorada faz, nadando a flote, juegan por la divina agua.
Ateneo, Banquete de los sabios, VII, p. 277
En medio bailaba el padre de los hombres y de los dioses.
Ateneo, Banquete de los sabios, I, p. 22
Condujo (Quirón) el linaje humano a la justicia, enseñándole el juramento, los sacrificios propiciatorios y las formas del Olimpo.
Clemente Alejandrino, Strómata, I, p. 360
De la Edipodia
(atribuida a Cinetón)
[…] mas también al más hermoso y deseable de los demás, al hijo amado del irreprensible Creonte, al divino Hemón…
Escolios cod. Mon. 560 a Eurípides, Fenicias, 1760
De la Tebaida
Canta, oh, diosa, Argos la muy sedienta, de donde los reyes…
Certamen de Homero y Hesíodo, v. 265
Mas el rubio héroe Polinice, del linaje de Zeus, primeramente puso delante de Edipo una hermosa mesa de plata, de Cadmo, el de divinal inteligencia; y luego llenó de dulce vino la copa de oro. Mas así que Edipo advirtió que los honorables dones de su padre estaban a su lado, sintió que una grande ira le penetraba el corazón y profirió contra sus dos hijos estas graves maldiciones que no le pasaron inadvertidas a la diosa Erinis: que no dividan entre sí los bienes paternos en la placidez de la amistad y que entre ambos haya guerras y luchas…
Ateneo, Banquete de los sabios, XI, p. 465
Así que vio el muslo, lo tiró al suelo y dijo estas palabras: «¡Ay de mi! Mis hijos me lo envían para injuriarme». Y rogó al soberano Zeus y a los demás inmortales que aquellos descendieran al Hades muriendo el uno a manos del otro.
Escolios Laur. a Sófocles, Edipo en Colono, 1375
(Adrasto huye de Tebas) llevando miserables vestiduras, con el (caballo) Arión de cerúleas crines.
Pausanias, Descripción de Grecia, VIII, 25, 8
De los Epígonos
Ahora, oh, musas, empecemos a cantar las hazañas de los más jóvenes…
Certamen de Homero y Hesíodo, 265
📚 Fuentes y aclaraciones
Este texto, de Luis Segalá y Estalella (1873-1938), fue publicado en 1927 en Obras completas de Homero. Se encuentra en dominio público porque el autor murió hace más de 80 años.
Mi versión para AcademiaLatin.com está basada en este escaneado cuya fuente primaria desconozco. Más allá de transcribir, he modernizado algo la ortografía y la puntuación. No se incluyen las notas al pie.
La imagen destacada es Homero canta, de Karl Becker (1820-1900).
📝 Licencia
Esta transcripción la he hecho yo mismo para publicarla en AcademiaLatin.com. El texto original se encuentra en dominio público, por lo que lo lógico es que la mera transcripción esté en dominio público.
Sin embargo, además de la transcripción y publicación del texto en dominio público, hay también cierto trabajo de edición (corrección, modernización de ortografía y puntuación, etc.) por mi parte, por lo que, si no es molestia, agradecería que el material se usara con licencia Creative Commons BY: sin ninguna restricción, pero con atribución a AcademiaLatin.com y, si es posible, un enlace a la página de la que se ha tomado el texto.
Puntualización: las grabaciones (vídeos de YouTube, audios en Spotify, etc.) que yo pueda tener publicadas a partir del texto no son de dominio público, sino que las publico con una especie de licencia Creative Commons BY-NC-SA; en resumen: puedes embeberlos (insertarlos) en tu web/plataforma, pero no puedes descargarlos para resubirlos.
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